Las horas del alma

Hace unas semanas atrás viajé sin el libro que estaba leyendo porque éste tiene un tamaño voluminoso y me resultaba demasiado pesado para acarrearlo entre todo lo que debía llevar.

Además cuando viajo por pocos días, suelo no llevar libros, porque dejo que me sorprendan los libros en las casas de mis anfitriones.

Viajé a casa de mis padres y a mi mamá le habían prestado un libro que estuve buscando durante dos meses en Rosario y en Buenos Aires y me fue imposible conseguirlo: “Las horas del alma”, de Ana Cabrera Vivanco.

Las horas del alma, Ana Cabrera Vivanco

Es una novela en la que se me hizo inevitable la comparación con “100 años de soledad” de Gabriel García Márquez.

Está narrada en primera persona por Ángela, una mujer soltera como Amanda; está situada en Río Hondo, pero si leíste “Cien años”, te juro que podría ser Macondo; habla de los tiempos de desgracia en la familia, según los nacimientos; y por último habla de todos los integrantes de una familia relacionada a otras, tantos nombres y apellidos, que al principio del libro, hay un árbol genealógico para seguir al pie las relaciones familiares.

Es una novela que comienza en la Cuba previa a la revolución y transcurre en ella. Para mí, que me considero totalmente capitalista y sé que no podría vivir en un sistema de comunismo, es totalmente shockeante leer con detalles el traspaso de un régimen a otro.

Es doloroso el relato de Pelagia cuando descubría que le allanaban sus locales y le confiscaban sus bienes, porque un cubano no podía tener más que otro hermano cubano. Cuando se había deslomado para abrir sus locales.

Y me dolió más porque tengo un conocido cubano que me ha contado exactamente lo mismo, en primera persona, y él agradece haber podido salir, y nunca más volver la isla.

Me dolió porque se formó una grieta entre los que se quedaron y los familiares de los que se fueron. Como Regino Monteagudo que jamás salió de su barbería por la humillación de sus hijos que se habían marchado, o Anselmo Ulloa y su mujer Beatriz, que a pesar de seguir adelante con su vida notaron cierta indiferencia en la visita a la isla pactada de su hijo Jaime con su familia.

“Lo primero que tienes que poner en claro es si esa alma tuya, tan soñadora y volátil, quiere anclar en esta orilla o continuar mar afuera”.

A pesar del trasfondo, la novela habla del amor, del tiempo del amor, de los lazos que se crean dentro de la familia. Ángela cuenta la historia de la familia a su sobrina nieta Dara y deja entrever los secretos familiares, necesarios para afrontar las últimas tragedias.

“No había dudas de que el amor entre todas las cabronadas de la vida era la peor y la más cara”.

Es un novelón atrapante que me llevó a leerlo en 3 días completos dedicados al ocio y 2 noches semanales. Lo recomiendo, si es que viajan al extranjero y lo pueden conseguir.

“El tiempo, en realidad, no tiene cortes, no hay ni trueno, ni tempestad, ni sonido de trompetas al principio de un mes nuevo o de un año nuevo ni incluso en el alba de un nuevo siglo; únicamente los hombres disparan cañonazos y echan al vuelo las campanas. Thomas Mann, La campana”.

 

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